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3 Terapias Corporales Sinérgicas - I - By Prof. Nicolas Gianazza Jodos

Actualizado: hace 6 días



Terapias Corporales


Cuando la palabra Terapia es mencionada, solemos pensar en terapias alternativas como la psicoterapia, gestalt, registros akashicos, constelaciones, coaching, etc. Pero no solemos considerar las actividades corporales, como podría ser la actividad física.

¿Por qué lo considero una terapia? Porque dentro de una disciplina o practica corporal reside el potencial de observarnos, y de trasmutar casi cualquier problema, empezando por cambiar nuestra percepción de ese conflicto.


La actividad física tiene innumerables beneficios para nuestra psique, y muchas veces lo consideraría prioritario antes que comenzar una terapia "más mental”. Las Terapias Corporales pueden mejorar nuestras vidas realmente, al utilizar nuestra biología, nuestra fisiología y nuestra química de manera potenciadora, desde la liberación de hormonas positivas (endorfinas, oxitocina, serotonina, etc) pasando por el mejoramiento de nuestra estética y autoimagen, hasta en la mejora en el relacionamiento con otros.


En nuestro cuerpo hay infinitas posibilidades de transmutar los conflictos psíquicos, y de transformarnos en quien queremos ser, y para activar ese poder necesitamos respetar una sola cosa. La Naturaleza, nuestra Naturaleza.


En este y en el próximo artículo, voy a compartirles mis 3 tipos favoritos de Terapias Físicas:

1- Baños de bosque 2- Juego 3- Pandiculaciones (desperezarse)


Durante millones de años caminamos descalzos, y nuestro cuerpo permanecía siempre en contacto con la tierra.

Hoy, sin embargo, llevamos zapatos, caminamos sobre asfalto y vivimos en edificios altos. Literalmente, nos hemos desconectado de la tierra.




En 1982, la agencia forestal de Japón lanzó su programa llamado “shinrin-yoku”, traducible como baño de bosque. Los primeros estudios demostraban que caminar cuarenta minutos por el bosque producía una mayor reducción de niveles de estrés y activación de ondas alfa que la misma caminata por la ciudad. Investigaciones posteriores confirmaron estos resultados, demostrando que la naturaleza magnifica los efectos beneficiosos de la actividad física. Las explicaciones iniciales se centraban en el impacto de la naturaleza en nuestro detector de amenazas: la amígdala.


La amígdala está en la parte más antigua de nuestro cerebro, y la compartimos con animales más primitivos. Está constantemente monitorizando el entorno, preparándose para reaccionar ante cualquier posible peligro, mucho antes de que tu cerebro racional determine cómo actuar. El entorno artificial de la vida moderna nos mantiene siempre en alerta. Tu amígdala no reacciona violentamente porque no percibe ninguna amenaza inmediata en la gran ciudad, pero tampoco se relaja completamente. No encuentra los aspectos que sigue considerando básicos para la supervivencia y, sin darnos cuenta, nos mantiene en un estado constante de tensión. El resultado final es un riesgo 40% mayor de padecer ansiedad o depresión en personas que viven en entornos urbanos respecto a los habitantes de entornos rurales.


Los árboles y plantas liberan además unas sustancias volátiles, denominadas fitoncidas, que absorbemos a través del sistema olfativo. Cuando llegan al cerebro producen una reducción inmediata de hormonas del estrés, elevando también la concentración en sangre de células NK (del inglés natural killer), un tipo de glóbulo blanco que previene infecciones y ataca células cancerígenas. Después de un paseo de dos horas en el bosque estas células protectoras se elevan más de un 35%, e incluso un mes después se sigue apreciando una elevación del 15%.


Por último, varios estudios demuestran que sonidos naturales, de pájaros o riachuelos, producen cambios cerebrales indicativos de un estado de relajación, mientras que ruidos modernos, como coches o aviones, producen el efecto opuesto, incluso a igualdad de decibelios.



En resumen, evolucionamos en un entorno salvaje, y nuestros genes se benefician de reconectar con su hábitat natural. Te invito a caminar y moverte descalzo en una plaza, pisando el suelo, barro, lo que tengas debajo. Y cada tanto, date el regalo de salir a caminar en un bosque, playa, o algún sitio natural, unas 2-3 horas.


En el próximo articulo continuamos con las otras dos Terapias Físicas.

Saludos!


Personal Trainer, Coaching Ontológico

Instructor oficial de Animal Flow

Coach de Unconventional Training LVL 2

Nicolas Gianazza Jodos

Kimia Movement



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