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La Alimentación. Una Mirada Filosófica y Crítica

Actualizado: 31 mar 2022



La alimentación, incluso la alimentación saludable, es un tema que hoy está en

boca de todos debido a los intereses de mercado que genera. Lamentablemente, creemos que las perspectivas de su abordaje son limitadas, estando pendiente aún, un abordaje filosófico, desde una mirada crítica, desde una perspectiva liberadora. Nuestra reflexión liberacionista y latinoamericana da cuenta de cómo los mecanismos opresivos han encontrado en las últimas décadas un nuevo aliado para sujetar los cuerpos y no permitirles liberar todo su potencial: la industria alimenticia, que, conforme pasan los años, cada vez se convierte más en una industria funcional a los intereses del sistema y menos en una aliada de la alimentación de las personas.


Vamos a comenzar a desandar esta serie de reflexiones rescatando un motivador relato del “recolector de perlas” Eduardo Galeano, para continuar luego desarrollando estas ideas que no son más que una profundización de la noción de la liberación de la corporalidad. Así describe el escritor uruguayo lo que él da en llamar “Una derrota de la Civilización”:



En el año 2002, cerraron sus puertas los ocho restoranes de Mc Donaldʼs en Bolivia. Apenas cinco años había durado esta misión civilizadora. Nadie la prohibió, simplemente ocurrió que los bolivianos le dieron la espalda, o mejor dicho: se negaron a darle la boca. Estos ingratos se negaron a reconocer el gesto de la empresa más exitosa del planeta, que desinteresadamente honraba al país con su presencia. El amor al atraso impidió que Bolivia se pusiera al día con la comida chatarra y los vertiginosos ritmos de la vida moderna. Las empanadas caseras derrotaron al progreso. Los bolivianos siguen comiendo sin apuro, en lentas ceremonias, tozudamente apegados a los antiguos sabores nacidos en el fogón familiar. Se ha ido, para nunca más volver, la empresa que en el mundo entero se dedica a dar felicidad a los niños, a echar a los trabajadores que se sindicalizan y a multiplicar gordos.

Quise rescatar este texto principalmente porque el mismo es un ejemplo más de

que ¡sí, se puede! ganar terreno en la lucha contra el espíritu, los ídolos y los templos de

este sistema deshumanizante, que por todos los medios posibles intenta convencer que

no existen alternativas. Rara vez se problematiza críticamente el desempeño intencional

de la industria alimenticia, y mucho menos se suelen conectar nuestros hábitos

alimenticios, tanto individuales como colectivos, con las estructuras socio culturales que

vitalizan al neoliberalismo de la era post-industrial. Por suerte para nosotros, existen

pensadores y activistas críticos que durante los últimos años nos vienen alertando acerca de las conexiones que hacen de la industria alimenticia, con todas sus grandes

corporaciones multinacionales, uno de los principales resortes del neoliberalismo.



¿Qué intentamos hacer con este tema tan urgente?

En primer lugar, no caer en la ingenuidad de creer que transmitiendo algunas ideas ya alcanza, cuando cada uno de nosotros transita por esta vida “oliendo panaderías”.

En líneas generales, todos tendemos a consumir lo que se nos pone delante, por eso es nuestra responsabilidad ir mucho más allá de la mera concientización, poco fecunda cuando no cambian las condiciones materiales. Un aspecto de nuestra propuesta, implica arrojar una mirada crítica a nuestro entorno, poniendo énfasis en

ver qué lugar viene ocupando el mercado alimenticio en el diseño de nuestras ciudades. Al hacer este ejercicio podemos empezar a ver, sin necesidad de atribuirnos culpas desmotivadoras, que nuestro entorno nos influye más de lo que pensamos.



Para comprender lo que comemos –y por qué en la actualidad muchos de nosotros consumimos los alimentos incorrectos y lo hacemos en exceso- debemos mirar más allá de nosotros mismos y de nuestros hábitos individuales. Debemos hacernos conscientes de la influencia que tiene el medio ambiente: el radio de 10 kilómetros o más en el que hacemos las compras, trabajamos, caminamos o conducimos, vamos a la escuela, comemos en restaurantes y pasamos la mayor parte de nuestra vida. Ahí, dentro de esa zona, es donde se nos influye para tomar decisiones saludables o poco saludables.


Nuestra filosofía no es quedarnos solamente con el momento crítico negativo

del análisis social, sino brindar herramientas liberadoras. En el caso de la alimentación

saludable que promovemos, es clave ir incorporándonos a otros circuitos comerciales

alternativos. Comenzar a realizar compras comunitarias sirviéndonos de proveedores de

verduras orgánicas, huevos, carnes de libre pastura y frutos secos, por citar los

alimentos más densos nutricionalmente. Vale aclarar que, ciertamente, estos